Marea abrió su local número 50 en Mar del Plata y eligió que el arte formara parte de esa apertura. Que una empresa con tanta trayectoria confíe en el muralismo para apoyar la identidad visual de una de sus tiendas más importantes es un orgullo, una alegría y también una responsabilidad muy grande.
Marea comenzó como un negocio pequeño de trajes de baño en Villa Carlos Paz y se transformó en una marca consolidada de indumentaria deportiva y de playa con fuerte presencia nacional. Ese origen agrega una capa de significado al proyecto: Pintar para una empresa que surgió en la misma ciudad donde nací, significa poder identificarme con ese camino de crecimiento: acompañar a la marca como artista de Carlos Paz, y construir presencia en diferentes puntos del país.
Tiene un peso especial que el cliente, de alguna manera, también forme parte de mi historia.
El desafío: traducir la marca al lenguaje del mural
El planteo era preciso: llevar el isologo de Marea a escala arquitectónica. No se trataba de reproducirlo sino de reinterpretarlo. De entender qué representa esa ola en el universo de la marca y cómo podía integrarse en el espacio físico del local de una manera que funcionara, que tuviera presencia, que generara impacto visual.
La respuesta fue una ola desplegada a lo largo de toda la pared. Movimiento del agua, espuma, transparencias… El mar en su versión más dinámica y realista, ocupando el espacio de manera tal que quien entra al local no solo ve indumentaria sino que se siente rodeado por el contexto: el agua, las olas, el impulso del mar.

Arte para marcas
Trabajar con marcas implica entender que el mural no es un proyecto autónomo. Es parte de un sistema visual más grande, de una identidad construida a lo largo de años. La marca tiene muy claro cuál es la estética que define su identidad. Cada detalle del local debía comunicar quiénes son, qué valoran, cómo quieren que la gente los perciba. El desafío está en respetar eso sin perder lo que el arte aporta: la textura, la expresividad, la capacidad de transformar un espacio comercial en algo memorable.
El mural en Marea funciona así: integra el universo de la marca al espacio físico. No compite con los productos, los acompaña. Genera una atmósfera que conecta la ropa con su origen simbólico. El mar deja de ser solo un concepto en el isologo y se vuelve presencia visual, algo que habita el local de manera tangible.
El local 50 en Mar del Plata no es un local más. Es el más grande de Marea en Argentina, una apuesta fuerte de la marca en una ciudad icónica para todo lo que tiene que ver con playa, deporte y verano. Que hayan querido que el arte fuera parte de ese momento, que hayan considerado esta obra para definir la identidad del espacio, manifiesta una manera consciente de pensar su comunicación. Es una muestra de cómo las empresas argentinas están entendiendo cada vez más el valor del arte en sus espacios comerciales. No como relleno estético sino como herramienta de formación de identidad, como manera de diferenciarse, como forma de crear experiencias que conecten emocionalmente con la gente.